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Donde el ruido invade las calles, donde los gritos son frecuentes, donde el sol alumbra mientras llueve, donde el mechudo es igual que el calvo y donde tener dinero y no tenerlo da lo mismo parece ser la propuesta de muchos y de ninguno, es por esto y mucho más que la capital Colombiana se ha convertido en una especie de tierra de nadie en donde mandan muchos pero no manda nadie. Rock, Metal, Punk, Salsa y un sinfín de sonidos invaden las calles y los oídos de los desapercibidos transeúntes a los que solo les importa lo de ellos. Conciertos y más conciertos parece ser la consigna de algunos y la plata y mas plata la de otros, aguanta el bolsillo y Bogotá todo esto.
Hace mucho tiempo se venía pidiendo a los empresarios que trajeran bandas de Rock legendarias, pero no todas al tiempo. Como es sabido por todos traer estas bandas no es barato y por el contrario cuesta un ojo de la cara, pero con tal de ver a sus dioses del Rock los mechudos, metaleros y fanáticos pagan lo que sea. Es así como se viene una oleada de concierto para todos los gustos, pero lo que no gusto mucho entre algunos jóvenes y porque no decirlo entre algunos adultos es que todos sean tan seguidos o mejor todos con intermedio de dos semanas y ahora muchos se preguntan a cual concierto ir o si endeudarse para ir a todos.
Todavía sin respuestas por escenarios dignos de conciertos y con muchos de estos eventos prontos a realizarse en Bogotá, será seguir asistiendo al Simón Bolívar y al Coliseo el Campin a presenciar las malas acústicas que poseen, por esto y muchas razones más el puño se levanta, el cabello se agita y la cabeza se mueve al son de las guitarras y baterías marchantes pero en el fondo se queda el “DIOS SALVE AL ROCK EN NUESTRO PAÍS”
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